El hombre que yo esperaba
La, la laila, lalalaila, lalalaila lailailá.
Qué maravillosos trinos,
producen al despertar,
los alegres pajarillos
que habitan en el zarzal.
La lalaila, lalalaila, lalalaila, lailailá.
Algunos ya están despiertos,
otros se despertarán,
con los sublimes conciertos
de un emplumado lugar.
Está cerca del arroyo
casi besando sus aguas,
donde su canto es sonoro
y llegan hasta mi alma.
La, lalalaila, lalalaila, la, la, laila, lailailá.
El mirlo madrugador,
ha emprendido ya su canto,
un canto que es bendición,
pues despierta a todos pájaros
que están a su alrededor.
Pero hay un pájaro grande
que envidia no tener alas;
para volar por aire
y llegar al ser que ama.
La la laila, lalalaila, la, la, laila, lailailá.
Hoy es día de primavera
primavera muy florida,
muy verdes están las hiedras,
las aliagas qué amarillas,
pues sobre el resto destacan
por sus agudas espinas.
La, la, laila, lalalaila, la, la, laila, lailailá.
Algunas de ellas yo llevo
clavadas con gran inquina,
pues no logro desprenderlas
ni aún con la aguja más fina.
Hay espinas que se clavan
en medio del corazón,
y de ellas eres esclava
esclava sin remisión,
por eso yo busco al hombre
causante de tal acción.
La, lalaila, lalalaila, lla lallaila, lailailá.
Qué milagrosa es la vida,
y qué milagros regala,
antes estaba afligida
y ahora canto enamorada,
porque el hombre de las espinas,
el hombre que yo adoraba,
en visita repentina
ha llegado en la mañana,
y en sus manos porta un ramo
de madreselvas y jaras,
pues el sabe que me gustan
estas flores de montaña,
y por eso se fue lejos,
pues se fue para buscarlas.
Aaaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...
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