martes, 7 de abril de 2026

El hombre que yo esperaba

 





El hombre que yo esperaba



 La, la laila, lalalaila, lalalaila lailailá.

 Qué maravillosos trinos, 

 producen al despertar, 

los alegres pajarillos

 que habitan en el zarzal.

La lalaila, lalalaila, lalalaila, lailailá.

 Algunos ya están despiertos, 

 otros se despertarán,

 con los sublimes conciertos

 de un emplumado lugar.

Está cerca del arroyo  

casi besando sus aguas, 

 donde su canto es sonoro

 y  llegan hasta mi alma.

La, lalalaila, lalalaila, la, la, laila, lailailá.

El mirlo madrugador,

   ha emprendido ya su canto, 

un canto que es bendición,  

pues despierta a  todos  pájaros

 que están a su alrededor.

Pero hay un pájaro grande

que envidia no tener alas; 

 para  volar por aire

  y llegar al ser  que  ama.

La la laila, lalalaila, la, la, laila, lailailá.

 Hoy es día de primavera

 primavera muy florida,

muy verdes están las hiedras, 

las aliagas qué amarillas, 

pues sobre el resto destacan

 por sus agudas espinas.

La, la, laila, lalalaila, la, la, laila, lailailá. 

Algunas de ellas  yo llevo

 clavadas con gran inquina,  

pues no logro desprenderlas

  ni aún con la aguja más fina.

  Hay espinas que se clavan

 en medio del corazón, 

y de ellas eres esclava 

 esclava sin remisión, 

por eso  yo busco al hombre

causante de tal acción.

La, lalaila, lalalaila, lla lallaila, lailailá.

 Qué milagrosa es la vida, 

 y qué milagros regala,

 antes estaba afligida

 y ahora canto enamorada,

 porque el hombre de las espinas, 

el  hombre que yo adoraba, 

en visita repentina

 ha llegado en la mañana, 

y en sus manos porta un ramo

 de madreselvas y jaras, 

pues el sabe que me gustan

 estas flores de montaña, 

y por eso se fue lejos, 

 pues se fue para buscarlas.

Aaaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...

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