Un
hombre llamado Pedro
Dios con poder absoluto
Creó la Tierra y el cielo,
Y sólo empleó un minuto
Con el aire y con el hielo.
Dichos elementos fundió
Para engendrar algo nuevo,
Al que hombre lo llamó
Hasta el final de los tiempos.
El tiempo pasó rodando
Encima de sus cimientos,
Allí el hombre quedó anclado
Con su firme pegamento.
Poderoso él se creía
Ser dueño de todo aquello,
Que con gran fulgor lucía
O tuviese movimiento.
El hombre llegó a ser rey
E intentó crear su cielo,
Saltándose toda ley,
Olvidando al Dios Supremo.
Y como justo castigo
Para pagar su arrogancia
Puso a Eva en su camino
Con exóticas fragancias.
Haría lo que ella quisiera
Sólo tendría que ordenarlo,
Era mágica y muy bella
Y divinos sus encantos.
Hasta la piedra caliza
Se convertía en alabastro,
Con sus ojos la pulía
Y volvía lo negro en blanco.
Pero Dios le dio la llave
Que abre las puertas del cielo,
A un hombre con una madre
Que puso por nombre, Pedro.

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