La
muñeca que lloraba
La casa era amplia; Pero tétrica,
Al roce, una muñeca lloraba,
No había lugar para la aritmética
Para un alma solitaria y asustada.
No podía dormir, ni descansar,
En los rincones, mil ojos me miraban,
Quizá preguntándose quién será
El que ha venido a romper la calma.
Hilos de seda colgaban de la lámpara,
Y de bombilla a bombilla, la abrazaba,
Como si todo el tiempo estuviese allí
Cuando su último ocupante la apagara.
Las cortinas de blonda, estaban arrugadas,
Alguien las colgó sin pasar plancha;
Había mucho descuido y dejación
O pocas ganas de hacer nada.
El mantenimiento brillaba por su
ausencia,
El polvo en los muebles lo indicaban,
Hasta los dedos de una mano
Fácilmente se avistaban,
Alguien dejó aquellas huellas,
Alguien que allí se apoyara,
Quizá fatigado de tantas escaleras
En aquel carrusel de sube y baja.
El viento oscuro de la noche
Por estrechas rendijas penetraba,
Pareciendo aullidos de hambrientos
lobos
Cuando para cazar entre sí se llaman.
Y yo, estaba allí, trémulo y solitario,
Sin saber muy bien por qué lo estaba;
Intentando cuajar mi pesadilla
En una casa llena de sombras y
fantasmas.

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