Salí a su encuentro,
La verdad, sin ningún ánimo,
Un peso tenía por dentro
Imposible de quitármelo.
Era joven, vigoroso,
Musculado y alto.
¡Era un rival poderoso
De infranqueable asalto!
Torres más altas han caído
Cuando su base es de fango,
Esto por mí era sabido
Más tendría que meditarlo.
Si hasta los reinos se hunden
Sujetos por fuertes lazos,
También se hunden los hombres
A base de latigazos.
No sería yo quien los diera
Sino la mujer que es práctica,
Que decide cuando quiera
Derribar torre o muralla.
No habría que luchar con él
Tendría que hacerlo ella,
Despojándolo del laurel
Que brillaba en su cabeza.
Unas palabras mal dichas,
Fuera de tono y de uso
Esa sería su desdicha
La dicha que antes dispuso.
El viento arrastra la nube
Convirtiéndola en viajera,
Serán mil pasos o un metro
Pues la vida es cual quimera.
La nieve viste de blanco
La cumbre de la alta sierra,
Hasta que el sol hace un fiasco
Y convierte en torrentera.
Así, se muestra el amor,
y así, la mujer que es bella,
Primero da su calor
y luego un frío que hiela.
Su opinión es la que vale
Sin saber cuándo lo hará,
Pues en sus cimientos yace
La fragilidad de Adán.
Algún día ella me dirá
Si soy yo su preferido,
O es el rico marajá
Que en un sueño ha conocido.

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