viernes, 4 de octubre de 2019

La bella doncella "Cuento"


La bella doncella
"Cuento" 

Los lugareños, afirmaban con asombro, haber visto a una doncella por las fértiles tierras del Reino de Navarra, que, al caminar, parecía que sus pies no posaban en el suelo. Su belleza era sobrehumana, hasta el punto que deslumbraba. Y enseguida, tenían que retirar sus ojos vencidos ante  su colosal belleza.

Unos, afirmaban que la habían visto pastando las vacas o las ovejas por los montes de Estella. Otros, que ejercía como mesera de una taberna en Olite. Otros, que la habían visto hilando lana con la rueca en Tafalla. Otros, que la habían visto despachando diversos artículos en el mercado de Tudela…

Pero nunca tenían una segunda oportunidad de volver a verla, pues era esquiva, con la capacidad del viento para transportarse libremente a un lugar lejano al día siguiente, donde volvía a vérsele de nuevo,

Su leyenda, aumentó hasta tal punto  que, los espíritus, movidos por las ondas celestiales, hicieron que llegasen hasta el mismo Olimpo, donde reinan los dioses de todo lo creado.

Zeus, Neptuno, Júpiter, Odín… hicieron una asamblea,  donde unos a otros, se recriminaron mutuamente el haber permitido, que semejante belleza, con todos los encantos divinos estuviese en la Tierra, para ser la veneración de unos simples mortales. Que se habían excedido al modelarla con la arcilla del Edén y el agua pura y transparente de las fuentes del rocío.

Hasta al mismo rey de Navarra, Sancho el Fuerte, llegaron los ecos sonoros de su belleza; De tal modo que cuando ya había delimitado sus fronteras con los demás reinos colindantes, dispuso iniciar  su busca,  con las sanas intenciones incluso de desposarla. Para ello, reunió  a trescientos  nobles caballeros, los cuales serían los encargados de escudriñar todo su reino, animándolos  con  una suculenta fortuna como recompensa, compuesta de un cofre lleno de doblones de oro, a aquel caballero que tuviese la Gracia de encontrarla y presentarla ante él.

Un tercio de dichos caballeros, se dedicó a buscarla por las montañas,  ya que pensaron que, si su belleza era celestial, lo lógico sería que se encontrara en ellas,  por  estar  más cerca del cielo.

Otro tercio, pensó  que seguramente se encontraría camuflada entre los chopos y demás árboles de la ribera, ya que si su belleza era incombustible, incombustibles  y reverberantes son los árboles que en sus frescas sombras  medran.  

El resto, creyó oportuno buscarla por los prados, donde seguramente se encontraría rodeada de amapolas, lirios y demás lindas flores. Pues no se entendería, que la reina de las flores, no se encontrara rodeada en todo momento por multicolores pétalos expandiendo sus fragancias al viento.

Los encendidos ánimos de los caballeros, fueron decayendo, al comprobar que, en todos los escondrijos posibles para albergar a una persona, permanecían  vacíos; De modo que desistieron en su busca, creyendo que quizá habían estado buscando una quimera, tan difícil de atrapar como son los susurros del viento.

Pasaron los siglos, y en el argot popular aún se seguían oyendo rumores de su divina existencia; Pero fue en la actualidad, cuando un poeta, soñador y mensajero del viento, la descubrió sin tan siquiera pretenderlo trabajando en... Efectivamente, pudo comprobar que poseía los encantos de una diosa y cuyo nombre era  Ainara; Un nombre de origen vasco procedente de  Ainhara, que en Euskera quiere decir golondrina. Y que según la tradición cristiana, este pájaro fue el que le quitó a Jesucristo, las espinas de la corona con la que fue martirizado en su Vía Crucis.
Pretendió hablar con ella al día siguiente; pero como es costumbre, desapareció. Aunque en su instinto soñador, y para acrecentar su leyenda, creyó adivinar que, en esos momentos, viajaba a Dios sabe donde, en un arrebol, movido por  la  cálida brisa del Sur.

 

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