El lance
En las húmedas cavernas de la tierra,
hallo el cebo más preciado de la carpa;
En mis dedos temblorosa se retuerce
y la inserto en la reluciente áncora.
El lago está tranquilo y transparente,
fijo un punto y hacia él lanzo mi caña.
Todo es cuestión de esperar ese momento
en que una onda se agita hasta que estalla.
Mi caña telescópica torna en mimbre
doblándose ante su fuerza siempre brava,
desde el fondo coletea y se resiste
hasta tornar su rabia en ira mansa.
Desprendida del anzuelo, varias veces,
la acaricio. Parece incluso que me habla,
la transporto dulcemente hasta la orilla
a la cual besa impregnada de nostalgia.
Mas si hoy un atrevido me pregunta
si he pescado lucio, trucha, barbo o carpa,
simplemente le diré que he liberado
a una parte prisionera de mi alma.

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