1
No me importa que hoy seas
un águila imperial,
y que allá a donde vayas
te regalen aplausos;
porque eso, sólo es un fanal
perdido entre los astros del espacio.
Sabes que no me importa
adorada vestal,
pues yo sin tener alas
pienso volar más alto.
Volaré hasta el infinito
dando un ligero paso,
hacia ese abismo astral
que subyace allá abajo.
Hoy no puedo volar
soy un pájaro manco,
tú rompiste mis plumas
¡pobres plumas de pájaro!
Y ahora voy a saltar
con intrépido salto,
haciendo piruetas
y de alegría llorando.
Pues prefiero que digan
que se murió volando,
a ser pájaro efímero
que se murió esperando.
¡Sí! Voy a saltar ahora,
para encontrar volando,
aquel amor de infancia
que se truncó en quebranto.
Ya con mis alas rotas
y en este amanecer,
te ha demostrar la aurora
que fuiste amor cruel.
Es mi hora proscrita
y tú lo has de saber,
que tan sólo soy un pájaro
con las plumas de papel.
2
¡Allá voy…!
En busca del remanso,
de esa paz infinita,
de esos besos románticos,
de esa cálida brisa
que emanan de unos labios…
¡Aquí estoy…!
Fundido en tierno abrazo,
con la eterna ceniza
que perdura a los años.
El silbo de los vientos
transformará en canción,
los ecos melancólicos
de este pobre gorrión.
¿Los oyes?
¡Presta atención!
No es la cigarra quien canta
ni el alegre ruiseñor,
es la sinfonía nostálgica
de un humilde trovador.
Que con su flautín de oro
brotado del corazón,
es hontanar y es tesoro
o simplemente… ¡su voz!
Y si alguien no la escucha
como ella nunca escuchó,
habrá de oír los clarines
del coro del Hacedor.
Ese día será una fiesta
y habrá de turbarse el sol.
¡Fiesta del enamorado!
¡Fiesta de Resurrección!





No hay comentarios:
Publicar un comentario