PRIMER
CANTO
Una vez más, la noche extiende sus alas sombrías, llevando
la incertidumbre y la intranquilidad a las ovejas, que, blancas y arrodilladas,
piden clemencia ante el lecho de las tinieblas de mi alma.
Una inexplicable melancolía se adhiere a las paredes de
mi corazón,
que vibra con colores infinitos.
Aunque sé que de la eterna noche surgirá una luz de
vida,
y que de las asustadizas ovejas de mi alma, surgirán corderos blancos como la nieve pura,
capaces de disipar la fornida turbación,
que proclama la bondadosa sonrisa en la cañada triunfal
de los recuerdos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario