“Me siento atraído por tus ojos
Como las polillas son atraídas por la luz,
Y el día que me impidas ese gozoCargaré a la espalda gruesa cruz.”
Recuerdo que en las noches,
nutridos por los soplos de la tierra,
Nos mecíamos en silencio,
como las encantadoras hiedras.
Haciendo a nuestra raza poderosa
bajo una luna boquiabierta,
Que acuña con su mirada hermosa,
y con su amor y gracia apremia.
Fomentando el alma, la cual,
respiraba del bienestar como la cal viva.
Apurando los excesos de un flujo de pasiones
que se replegaba en la linde
Del polvo de la sabiduría.
Retornábamos cada estación
a la confluencia de los ríos,
Y recogíamos el fruto melifluo
Que se proyectaba en el infinito árbol del deseo.
En el cual, sentados bajo su sombra azul,
sorprendíamos la caída de la tarde
y hablábamos de las cosas florecientes,
Espigas prohibidas
Que se abrían camino hacia nosotros
Con poderosas raíces.

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