Cuando el sol quebró su hora
Aaaaah, aaaaah, aaaaah,aaaah...
Trabajando estoy de eclipse a eclipse
Bajo un látigo implacable que fulmina,
Hastiado de la lanza deforme
Y de la herrumbrosa cadena de la vida.
Sumergido estoy en este fortín
Donde pieles y huesos deambulan,
Por el reino de anoréxicas sombras
Con olor a cipreses y a hojas pútridas.
Aaaaah,aaaaah,aaaaah,aaaaah...
Altares de esqueletos se yerguen
Mudos y pétreos, sin hálito de vida,
Mientras legiones de voraces gusanos
con mandíbulas de acero
Horadan el prado cárnico humano
Y la blanca calavera de la justicia.
Aaaaah,aaaah,aaaaah,aaaaah...
Los matarifes del Juicio Final
Incrustan sus puñales
En los jardines laureados por el sol,
Como torbellinos gélidos
Arrastran quejumbrosas improntas
De los alaridos hirientes de la civilización.
Oooooh,oooooh,ooooh,oooooh...
La humanidad se aferra a la poderosa horca
de una tierra abrasada y taciturna.
Pues el reloj del sol quebró su hora
sobre las frentes de las aves nocturnas.
Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...
Guadañas azules ondean en los tozales
De los frágiles sentimientos y burlonas risas
Hiriendo el horizonte con su tinte escarlata
Estrangulando con nudo escurridizo
La agridulce verdad que miente y mata.
Aaaaah,aaaaah,aaaaah,aaaaahhh...
Jinetes apocalípticos,
resquebrajan el arco iris
resquebrajan el arco iris
Que colosos titanes elevaron
En las horas nupciales de la Creación.
¡Vuelve San Gabriel Arcángel
Con tu daga acrisolada y explosiva!
¡Y tú san Sebastián con tus flechas mártires!
Que el arco de la muerte tenso está
Y las fatídicas dianas ya penden
Del orgulloso cuello de los mortales,
cayendo inertes, como hojas en otoño,
Cuando las decapita el viento reinante
Una tras otra, de sus ramas bíblicas.
Aaaaah,aaaaah,aaaaah,aaaaah...





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