A los que todavía
no han escrito su carta
Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...
Hace tiempo escribí una carta:
No tenía en mente a alguien en particular,
El sobre, iba sin remite y sin destino.
La escribí de noche. Era Septiembre,
y por las calles corría un viento frío.
Las sombras, como cuchillas de afeitar
Se extendían por el páramo,
Mi mano escritora, compulsiva,
Buscaba un alfabeto astral,
Con figuras tridimensionales
de brazos y piernas en cualquier lugar.
Quizá me lo tomé como un pasatiempo,
Como aquel que intenta contar a ojo
Los granos de trigo que hay en un granero,
Buscando la efervescencia de los deseos
Con el luminoso presentimiento
De salir del laberinto oscuro,
Donde aúllan temidos felinos negros.
Preguntándose por el día que vendrá,
O para ver si el futuro nos trae algo mejor.
La primavera prescribió. Llegó el otoño,
Y los brazos y piernas que buscaba
Se habían convertido en flores marchitas,
Los pájaros, ya tomaron sus dosis de alegría.
Todo parece un eterno insomnio,
Un vapor acuoso que mantiene apagado el sol;
Las farolas de las calles encendidas
Parecen hileras de pinos con metálico fulgor.
Para llegar a algún sitio o lugar,
es menester antes hacer planes,
De ese modo se evita dar vueltas en baldes;
y todo lo que encuentres sean fanales.
Los deseos engañosos, provocan engaño,
Crueles pesadillas e insatisfacción emocional.
Las sombras penetran en los ojos,
Mientras, el mundo muere descompuesto
en la populosa y despampanante ciudad.
Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...
Los sueños son fugaces,
El viento se rompe al chocar
con los edificios altos
Propiciando una metástasis perversa.
de luz y también de oscuridad.
Las mujeres y hombres viajan solos,
Cada uno por su lado,
Y la poesía, corresponde a esta filosofía común.
Nadie quiere asumir riesgos en la batalla de hablar;
No se puede cambiar la historia
Y menos aún, cuando se escriben cartas
dirigidas a nadie en particular y sin memoria.
Todos somos floreros
Huesos en descomposición bajo la ventisca.
Hoy ya sé cuantos granos de trigo
había en el húmedo granero;
Había tantos como esperanzas tiene la vida.
Ahora, sólo toca repartir el pan,
El pensar, cómo, se lo dejo a aquellos
Que todavía no han escrito su carta.
y aún les queda tiempo para poderlos contar.
Aaaaah, aaaaah, aaaaah, aaaaah...
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